No se lo digas a nadie - Capítulo I

3/3/17


Presente. Febrero 2017

—Tienes que parar esto.

—Sabes que no puedo. Si cuento la verdad ahora, volverán a abrir el caso y tu vida estará en peligro. Tenemos que seguir con el plan.

—Pero… Lo hice yo. Yo le maté. Yo debería de estar aquí y no tú.

—¡Calla, te pueden oír! Tú tienes una vida por delante, una carrera y un talento innato. Úsalo. Haz que todo esto valga la pena….

10 meses antes. Abril del 2016:

Noel:

La alarma del móvil de Noel rompió el inusual silencio de su casa. Quizás porque eran las cinco de la mañana y su compañero de piso, Darío, aún dormía. Y seguiría durmiendo hasta las 12, más o menos. El joven apagó la alarma y se desperezó antes de ponerse su ropa de deporte. Estiró un poco sus músculos antes de salir y luego cerró la puerta con cuidado para no hacer ruido. El frío de la calle lo sorprendió y decidió que lo mejor era saltarse los diez minutos de trote y comenzar a esprintar lo antes posible para entrar en calor. Su capacidad de abstracción cuando hacía deporte le permitía tener la mente clara el resto del día y, además, le ayudaba con su insomnio y con el temido y famoso «bloqueo del escritor» en el que llevaba estancado unas semanas.

Noel estudiaba Literatura en la Universidad Augusto I, había empezado varios meses atrás, este era su primer año, y, por el momento, estaba encantado. Aunque los exámenes lo habían estresado tanto que, ahora, una vez aprobado todo, su mente no podía volver a concentrarse al mismo nivel para poder escribir. Primero necesitaba un descanso, una temporada sin hacer nada, unas vacaciones. Pero nada más lejos de la realidad, sus profesores continuaban mandando más y más trabajos, uno de ellos era el que más preocupado le tenía: un relato sobre el bullying. Sus profesores pretendían que con ese relato los alumnos pudieran ponerse en el lugar de las víctimas para intentar acabar con esa problemática que se estaba dando por toda la Universidad, a la vez que les hacía escribir un relato, que era uno de los objetivos de la materia. Pero Noel, abrumado por la magnitud del tema, y porque no quería “meter la pata” con algo, más el hecho de que su cerebro estaba demasiado agotado para ponerse a crear una historia, no pudo avanzar más de una página: la del título y su nombre.

Al volver a su casa faltaban quince minutos para las seis. Volvió a estirar y se dio una ducha de agua caliente. Normalmente a esa hora preparaba el desayuno para él y para su amigo, y compañero de piso, Darío, pero éste llevaba alrededor de dos meses acostándose de madrugada, coincidiendo en una ocasión la hora de acostarse de Darío con la hora de levantarse de Noel. Y luego dormía hasta el mediodía o hasta la hora de ir a clase.

Así que se sentó en la mesa a desayunar solo mientras observaba las noticias. En ese momento le pareció oír que su móvil vibraba, fue a buscarlo y tenía una llamada perdida de su hermano mayor. Noel cogió su teléfono, fue hasta el balcón de la casa para tener mejor cobertura y no molestar a Darío con su conversación y le devolvió la llamada.

—¿Don? ¿qué pasó? —preguntó Noel algo inquieto porque era muy temprano para recibir cualquier llamada.

—Buenos días, ¿eh? —respondió el bromista de su hermano que estaba acostumbrado a la poca formalidad del pequeño de la familia.

—Buenos días, ¿qué tal estás?

—Estoy bien, imaginé que ya estarías despierto y quise llamarte para darte una buena noticia.

—¿Ah, sí? Déjame adivinar: ¿Inés está embarazada? —preguntó esperanzado Noel que estaba desesperado por convertirse en tío.

—¡Dios me libre! No, no es eso. Estoy en la ciudad —respondió Don rápidamente.

—Y… quieres quedarte en mi casa —dijo Noel en tono afirmativo, pues, aunque su hermano no se lo hubiera pedido sabía que lo iba a hacer. Además, para el hermano pequeño era un lujo volver a vivir con su hermano mayor, aunque fuera por unos pocos días.

—Pues sí, la verdad, para qué engañarnos… ¿Me puedes pasar a buscar?

—Está bien, no es que tuviera que estudiar ni hacer ningún trabajo ni nada, ¿sabes? —añadió Noel con ironía antes de colgar y de fondo pudo escuchar la risa de su hermano.

Donato era un chico muy alegre y risueño, prácticamente fue él quien crió a Noel mientras sus padres trabajaban. Así que ahora sus deseos de tener un hijo y volver a cuidar de alguien eran inexistentes.

Darío:

Ya eran las doce del mediodía cuando a Darío le sobresaltó la voz de un extraño riéndose al otro lado de la puerta de su habitación. El extraño continuó su charla y el corazón de Darío se aceleró. Se levantó de la cama y corrió a abrir la puerta. Frente a él tenía a un hombre que debería tener unos veinticinco años o más. Llevaba una gorra y ropa de estilo rapero. Los jóvenes intercambiaron miradas durante unos tres segundos antes de que Noel apareciera al lado de Don, el hombre que había inquietado a Darío.

—¡Hola! Darío, te presento a mi hermano Donato. Don, este es Darío, mi compañero de piso.

Darío sonrió aliviado y le estrechó la mano al hermano de su amigo.

—¿Van a la misma clase? —preguntó Don, ya que su hermano no contaba nunca nada sobre sus amigos.

—No, yo estoy en segundo de Estudios Hispánicos, pero repetí Creación literaria, una asignatura que tienen en común las dos carreras. Y ahí nos conocimos.

—¡Qué bien! Hoy tienen clase, ¿no? —preguntó Don al que se le hacía raro que todavía estuviera durmiendo.

—Sí, ya debería de ir preparándome —respondió Darío —¡Encantado!

—Igualmente —contestó Don agradecido de que su hermano tuviera un compañero de piso con modales, aunque durmiera hasta el mediodía.

Darío se metió rápidamente en el baño, se dio una ducha y volvió a su cuarto para vestirse. En parte agradeció que le hubieran despertado porque si hubiese sido por él, volvería a dormir hasta la hora de irse a clase. Era algo que odiaba, pero no podía remediarlo, aunque quisiera. El joven se pasaba las noches en vela intentando escribir algo para su relato de Creación literaria. Era la asignatura que había repetido. La comenzó por segunda vez en septiembre cuando empezaron las clases, pero volvió a suspenderla y corría el riesgo de suspenderla de nuevo en junio si no escribía un relato que se adaptara a lo que el profesor le pedía. Se sentía frustrado y muchas veces había intentado abandonar la carrera solo por esa asignatura.

Su amor por las letras no era como el de su amigo Noel. A Darío le gustaba leer, sobre todo literatura clásica porque era lo que había leído desde pequeño, salvo en su adolescencia que descubrió la literatura juvenil y no descansó de ese género hasta entrados en los veinte. Luego recuperó su gusto por la literatura clásica y ahora es lo único que lee. Le apasiona todo lo que tiene que ver con ella y se siente reflejado en su madre que es profesora de universidad y que trabaja en el departamento de Filología Hispánica, aunque nunca la ha tenido como profesora porque ella se dedica más a la labor de investigación. Y así es como se ve él a sí mismo, trabajando en el mismo departamento que su madre.

Pero para lograrlo, también le piden que se le dé bien escribir. Y es algo injusto, pues, a pesar de todos los libros que ha devorado desde niño, su imaginación y su creatividad son reducidas, o, al menos insuficientes para escribir un relato. Y aunque por su cabeza pasara la mejor de las historias jamás imaginadas, era incapaz de poner en orden sus ideas y de llevar a la realidad lo que estaba solo en su mente. Su vocabulario era exquisito, su dominio de la gramática española y de la sintaxis eran intachables, pero su capacidad de escribir no estaba ahí. La había intentado buscar, pero no estaba. Así que cada noche se enfrentaba a la hoja en blanco y lloraba angustiado. Después de unas semanas de depresión tras el suspenso en este segundo intento de aprobar la materia, se deprimió bastante y fue cuando comenzó a pasar las noches en vela intentando averiguar cómo hacer una buena historia. Se metió en foros de Internet, se apuntó a cursillos que, gracias al dinero de su familia, pudo permitirse. También contrató a una editora profesional que asesoraba a estudiantes y escritores. Pero todo eso fue en vano. Nada dio sus frutos. Y ahora tenía miedo de que lo que hiciera no fuera suficiente, que, después de tanto y tanto esfuerzo, volviera a suspender.

Había intentado ocultar su situación a su compañero de piso y amigo Noel, al que le tenía mucho aprecio, pero también mucha admiración. Sabía que Noel había presentado como proyecto final de esa asignatura, de Creación literaria, un borrador de lo que sería su siguiente novela. Y que le había pedido a su profesor que fuera crítico con la corrección porque le ayudaría a mejorarla para presentarla a una editorial. Había sentido mucha envidia al verle llegar a casa con más de trescientas páginas encuadernadas. Pero también se alegraba por él y le había prometido una visita a la editorial de su padre donde podía presentarle su borrador.

Después de vestirse, Darío salió de su habitación para comer y luego decidió preparar su mochila e ir a clase. La clase empezaba en una hora y media, Noel y él solían salir juntos y llegaban en diez minutos caminando. Pero como hacía tanto tiempo que Noel y Don no se veían, pensó que sería mejor dejarles un rato a solas para que se pusieran al día.

En su camino se tropezó con la guapísima de Ale, una compañera de clase por la que Darío comenzaba a sentirse atraído. La joven se paró a saludarle y luego caminaron juntos hasta la cafetería donde continuaron su charla hasta que empezara la clase. La chica también se sentía igual respecto a Darío, pero él era tan tímido que nunca dijo nada y nunca se dio cuenta. Pero si hubiera prestado atención al lenguaje no verbal de Ale, se habría percatado de que era correspondido.

En el momento en el que Darío sacó su cuaderno, se puso serio. Pues, se dio cuenta de que había metido el cuaderno equivocado en su mochila. Ese cuaderno era el de Creación literaria donde tenía todas sus ideas apuntadas y tachadas.

—¿Por qué lo tachas todo? —preguntó intrigada Ale.

—No es nada —respondió él cerrando el cuaderno.

Sacó unos folios blancos de su mochila para tomar los apuntes de la asignatura que estaba a punto de comenzar y agachó la cabeza evitando contacto visual con la bella chica que tenía a su lado.

—Está bien —dijo ella algo molesta e imitó el comportamiento de su compañero.

Ambos se concentraron en la clase y no volvieron a dirigirse la palabra hasta que salieron del aula y se despidieron.

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¡Hola! Espero que les haya gustado el primer capítulo. Como +R. Crespo es la que tiene que reseñarme y a ella ya le mandé la historia completa por correo electrónico para que pueda ir adelantando la reseña, he pensando que a ustedes os puedo ir dejando con la intriga capítulo. Mañana sábado publicaré el 2º capítulo y el domingo, el 3º y 4º.

¡Un besote! :)